Rosácea, dermatitis o piel reactiva. Cómo distinguirlas y recuperar el equilibrio de la piel.

Rosácea, dermatitis o piel reactiva. Cómo distinguirlas y recuperar el equilibrio de la piel.

No todas las rojeces son rosácea. Ni todo picor es dermatitis. Y no todas las pieles que de repente ya no toleran nada tienen una enfermedad detrás.

Cada vez vemos más personas que sienten la piel tirante, con escozor, calor o enrojecimiento, De hecho, 7 de cada 10 personas afirman tener o haber tenido la piel sensible en algún momento de su vida.

Sin embargo, detrás de una piel sensible no siempre encontramos la misma causa. A veces existe una enfermedad como la rosácea o la dermatitis perioral. Otras veces, simplemente una piel que ha perdido temporalmente su equilibrio.

Para entender qué le sucede a la piel en cada caso, vamos a empezar definiéndolas.

¿Qué es la Piel Reactiva?

La piel sensible o reactiva no es una enfermedad dermatológica. Es una forma de describir una piel cuyo umbral de tolerancia ha disminuido y responde de forma exagerada a estímulos que antes no provocaban una reacción.

Esa reactividad puede aparecer como consecuencia de una enfermedad dermatológica, como la rosácea o la dermatitis, o por cambios hormonales como los de la menopausia o, simplemente, porque hemos sometido la piel a más de lo que podía tolerar.

¿Qué es la Rosácea?

La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta principalmente al rostro.

Se caracteriza por episodios de enrojecimiento, sensación de calor, pequeños vasos sanguíneos visibles y, en algunos casos, granos o pústulas.

Aunque no tiene cura, puede mantenerse bajo control con un tratamiento adecuado, y evitando los factores que desencadenan los brotes. Es importante controlar la rosácea con tratamientos cosméticos específicos y medicación cuando sea necesario. De no hacerlo, la enfermedad progresa con el tiempo: con brotes más frecuentes e intensos. 

¿Qué es la Dermatitis?

La dermatitis es un término general que significa inflamación de la piel. Existen distintos tipos, como la dermatitis atópica, una enfermedad crónica que suele comenzar en la infancia, o la dermatitis de contacto (irritativa o alérgica) y la dermatitis perioral, que generalmente son procesos reversibles, cuando se identifica y elimina la causa desencadenante.

Todas ellas comparten una alteración de la función barrera y una respuesta inflamatoria que provoca síntomas como rojez, picor, sequedad o descamación.

Aunque cada una tiene causas diferentes, es importante identificarlas y tratarlas adecuadamente para evitar que la inflamación se cronifique y la piel se vuelva cada vez más reactiva.

Cuando los diagnósticos se solapan

En la práctica, no siempre es fácil distinguir unas situaciones de otras. La rojez, el escozor o la sensación de quemazón son síntomas comunes, y además, una misma persona puede presentar más de una condición al mismo tiempo.

Por eso, el diagnóstico dermatológico y el tratamiento pueden ir afinándose a medida que evoluciona la piel. Lo que sí está claro es que existe un denominador común: la función barrera está alterada, hay inflamación y el umbral de tolerancia se ha reducido.

Identificar la causa es importante para establecer el tratamiento médico cuando sea necesario. Pero también lo es acompañar la piel con un tratamiento cosmético adecuado, para que recupere su equilibrio. 

El Tratamiento Cosmético para Reequilibrar la Piel

Como decíamos, aunque la rosácea, la dermatitis y la piel reactiva tengan causas diferentes, todas comparten una misma consecuencia: una piel inflamada, con la función barrera alterada y un umbral de tolerancia reducido.

Por eso, además del tratamiento farmacológico cuando sea necesario - corticoides, doxiciclina... siempre con prescripción dermatológica -, los cuidados cosméticos siempre va a tener que acompañar la piel en su proceso de vuelta al equilibrio. 

Y no nos vale cualquier tratamiento, su objetivo debe ser: reducir la inflamación y reparar la función barrera. Y por supuesto, no causar  más irritación a una piel que ya está desequilibrada. 

Una rutina minimalista para calmar la piel

Porque una piel reactiva necesita menos estímulos, no más. 

Empezaremos por una limpieza suave. Continuamos con un tónico rescate como Serena Rescue Mist y acabamos con hidratación y tratamiento con el Combo Calmante. Por las mañanas, nuestro último paso será la protección solar con Hélia SPF30.

Serena Rescue Mist

Serena Rescue Mist es una bruma enriquecida en Magensio PCA. Este activo ha demostrado reducir la liberación de histamina por parte de los mastocitos, unas células del sistema inmunitario presentes en la piel que actúan como auténticos 'sensores de alarma'. Cuando detectan una agresión, como el estrés o el calor, liberan sustancias inflamatorias, como la histamina, que favorecen el enrojecimiento, la sensación de calor y el picor. 

Con Serena Rescue Mist reducimos las señales que mantienen activa la inflamación. Y con el  Combo Calmante, la tratamos.

El Combo Calmante

Canvas Cream ® + Serum Calmante actúan sobre las citoquinas, unas moléculas que utilizan las células de la piel para coordinar la respuesta inflamatoria. Cuando esta comunicación permanece activada durante demasiado tiempo, la piel continúa enviando señales de inflamación y persisten la rojez, el calor y la irritación. En nuestro estudio, realizado por un centro biotecnológico independiente, demostramos que el Combo Calmante reduce las principales citoquinas proinflamatorias: TNF-α (-58%) e IL-8 (-35%).

Al disminuir estas señales, la piel recupera progresivamente su estado de equilibrio: se alivia la rojez, irritación e hiperreactividad.⁠

Dentro del combo calmante, Canvas Cream® ha demostrado en un estudio clínico mejorar la función barrera hasta en un 60%. Al restaurar esta barrera natural de protección, la piel recupera hidratación y una mayor capacidad para defenderse frente a los factores que desencadenan nuevos brotes.

El Protector Solar Hélia

Por último, el protector solar. Hay que tener en cuenta que la radiación UV es uno de los principales desencadenantes de la inflamación cutánea: favorece el estrés oxidativo, estimula la liberación de mediadores inflamatorios y puede intensificar la sensación de calor, el enrojecimiento y el escozor. En una piel con rosácea, dermatitis o especialmente reactiva, esto supone un obstáculo para recuperar el equilibrio.

Por eso, durante un brote, el protector solar debería formar parte del propio tratamiento cosmético. Lo ideal es elegir fórmulas de alta tolerancia, como Hélia SPF30 que está específicamente diseñadas para pieles sensibles. Va a proteger del sol sin añadir una nueva fuente de irritación.

Lo que dejamos fuera de la rutina cosmética

¿Y qué evitamos?

  • Exfoliantes agresivos
  • Aceites esenciales y perfumes con alergenos - en una piel resistente no van a ocasionar problemas pero una piel con una barrera comprometida debe evitarlos
  • Fórmulas de baja tolerancia cutánea: suelen llevar retinol y ácidos, y las reconoces porque en la caja llevan recomendaciones como 'usa una pequeña cantidad en la línea de la mandíbula y, si no te irrita, ya puedes utilizarlo al día siguiente'.

Rosácea, dermatitis o piel reactiva pueden tener causas diferentes, pero todas comparten una misma necesidad: recuperar el equilibrio de la piel.

Como formuladoras, creemos que la mejor cosmética no es la que obliga a la piel a adaptarse, sino la que trabaja ayudando a sus propios procesos fisiológicos. Porque cuando reducimos la inflamación, reforzamos la función barrera y la protegemos de nuevas agresiones, la piel vuelve poco a poco a hacer lo que siempre ha sido su función principal: protegernos.