Si pensamos en las manchas de la piel, probablemente las asociemos al sol. Y no nos falta razón: la radiación solar es su principal desencadenante. Pero el proceso es mucho más complejo.
Una mancha no aparece únicamente porque tomemos demasiado el sol, sino por una confluencia de distintos factores: la radiación solar, una predisposición genética, las hormonas, la inflamación crónica de bajo grado, el estrés oxidativo o cambios en la vascularización de la piel.
La manchas son un verdadero reto terapéutico. Muchas veces se muestran resistentes a los tratamientos. Y cuando se consiguen eliminar, la probabilidad de que vuelvan a aparecer es alta.
Pero con un tratamiento riguroso con fotoprotección diaria y una rutina despigmentante potente, se pueden difuminar y mantener bajo control.
Empecemos por el priincipio, entendiendo cómo se forma una mancha.
El proceso de formación de una Mancha
Ya lo hemos dicho, la radiación solar es el principal desencadenante de la formación de una mancha. Pero no actúa directamente sobre la célula que fabrica el pigmento oscuro, que es el melanocito. Esta célula especializada en la formación de la melanina se encuentra lejos de la superficie, en la capa basal, la más profunda de la epidermis.
Cuando la piel recibe radiación UV, se activa una cascada de señales que se va transmitiendo desde las células en las capas más superficiales hasta la capa basal.
Estas células superficiales activadas por la radiación UV, liberan moléculas mensajeras como la α-MSH, la endotelina-1, PAR-2 o el factor SCF (Stem Cell Factor) que son capaces de llegar a la base de la epidermis y estimular al melanocito.
Pero la cascada de señales no se frena en la epidermis, también llega a la dermis. Allí fibroblastos, células del sistema inmune y células de los vasos sanguíneos liberan factores de crecimiento y mediadores inflamatorios —como HGF, bFGF o VEGF— que también activan al melanocito.
El melanocito tiene en su superficie receptores capaces de detectar todas estas señales procedentes de la epidermis y la dermis. Cuando las recibe, activa en su interior la enzima tirosinasa, considerada el interruptor de la melanogénesis.
A partir de ese momento comienza a fabricar melanina, el pigmento responsable del color de nuestra piel, y uno de sus principales mecanismos naturales de protección frente a la radiación ultravioleta.
Esa melanina se empaqueta en unos pequeños orgánulos llamados melanosomas, que se transfieren a las células que rodean al melanocito, a través de sus dendritas. Estas dendritas son unas prolongaciones de los melanocitos, como unos tentáculos que 'inyectan' la melanina a los queratinocitos de alrededor.
En condiciones normales, esta respuesta es beneficiosa: la melanina se coloca protegiendo el núcleo de las células de la piel, absorbe parte de la radiación UV y protege su ADN. Sin embargo, cuando los estímulos son muy intensos, hay una hiper-activación del melanocito, que produce un exceso de melanina, formando una mancha.
La relación entre Manchas y Hormonas
Los niveles altos de estrógenos del embarazo y el aporte externo de progesterona y estrógeno cuando se toman anticonceptivos orales, están relacionados con la aparición de manchas.
Aunque las hormonas por si solas no activan la producción de melanina, van a hacer que los melanocitos se vuelvan más reactivos a las señales que reciben tras la exposición solar. Producirán más melanina y las manchas se marcarán más. Pero cuando cesa este estímulo - una vez las embarazadas dan a luz, o se dejan los anticonceptivos orales - los melanocitos vuelven a su ritmo normal de producción de melanina, y las manchas se difuminan.
Podría pensarse que en la menopausia, al disminuir los niveles de estrógenos y progesterona, las manchas hormonales deberían mejorar.
Sin embargo, la investigación científica no confirma una conexión tan clara. Un amplio estudio multicéntrico realizado en Brasil observó que la menopausia puede tener efectos muy diferentes según la mujer: en un 29,4% de los casos las manchas mejoraron, en un 38% empeoraron y en un 30,1% no experimentaron cambios. Además, los autores observaron que las manchas extrafaciales, aquellas que aparecen en antebrazos, cuello o escote, eran significativamente más frecuentes en mujeres menopáusicas.
Lo que estos resultados nos indican, es que las hormonas son una pieza importante dentro de un proceso complejo. La radiación solar acumulada, el estrés oxidativo, la inflamación crónica de bajo grado y los cambios que experimenta la piel con el paso de los años también influyen en la aparición y persistencia de las manchas.
Tipos de Manchas y cómo tratarlas
No todas las manchas son iguales ni aparecen por los mismos motivos. Diferenciamos 3 grandes tipos:
- Léntigos: son manchas pequeñas cuya forma recuerda a una lenteja y van creciendo con el tiempo. Su causa principal es una sobre exposición al sol, acumulada a lo largo de los años.
- Melasma: son más oscuras e irregulares que generalmente aparecen en la cara: labio superior, mejillas… Este tipo de manchas afectan más a la mujer porque suelen tener origen en cambios hormonales como el embarazo, que en este caso se llama cloasma, o con la toma de anticonceptivos orales.
- Hiperpigmentación postinflamatoria: son manchas oscuras que aparecen después de un proceso inflamatorio de la piel, como el acné, un eccema, una quemadura o un procedimiento estético. La inflamación estimula a los melanocitos para que produzcan un exceso de melanina.
Dentro de estos tipos, la melanina puede localizarse a distinta profundidad: más superficial, en la epidermis o más profundo, en la dermis. O, lo más habitual, ser de caracter mixto.
Las manchas epidérmicas, de más fácil acceso con cosméticos tópicos, son más fáciles de tratar. Es imprescindible un buen protector solar de uso diario, como Hélia SPF 30, que bloquee el estímulo que pone en marcha la síntesis de melanina, acompañado por un tratamiento despigmentante potente, como nuestro Combo Iluminador, que disminuye la síntesis de melanina un 38%. Siendo constantes, veremos resultados.
Las manchas dérmicas son más difíciles de tratar. El pigmento permanece 'atrapado', no se elimina por descamación al renovarse la piel, como sucede con las manchas epidérmicas. Y con cosmética, es más difícil conseguir un impacto. El protector solar sigue siendo fundamental para frenar la formación de las manchas, y el Combo Iluminador también va a ayudar a difuminarlas. Pero para llegar a dermis, en algunos casos es necesario recurrir a procedimientos como determinados láseres, siempre realizados bajo supervisión dermatológica.
Eso sí, estos tratamientos producen una agresión controlada sobre la piel y requieren un cuidado especial. El protector solar no es negociable, ya que la inflamación generada por el propio tratamiento puede desencadenar una hiperpigmentación postinflamatoria, y hacer que aparezcan nuevas manchas o que las existentes se intensifiquen. Para cuidar la piel y favorecer su recuperación, nuestro ritual más indicado es Special Care: repara la función barrera, reduce la inflamación y la concentración de melanina en la piel.
Imagen c/o Sam Badmaeva via Unsplash